
Cuando una madre descubre que su criatura tiene una diversidad funcional, no solo recibe un diagnóstico. Recibe, de golpe, una serie de exigencias que rara vez se cuestionan.
Desde fuera, todo se activa rápidamente: citas, informes, especialistas, terapias, recomendaciones, decisiones urgentes. La sensación es clara: no hay tiempo para parar.
Y muchas madres entran entonces en un estado que se vuelve crónico: estar siempre disponibles, siempre haciendo.
A nivel psicológico, es fácil entrar en hiperadaptación.
En este estado:
- El cuerpo vive en tensión constante.
- La mente no descansa.
- La vida gira alrededor de las necesidades de la criatura.
- El cansancio se normaliza.
- El deseo propio queda suspendido.
Además, muchas madres atraviesan un duelo que no suele tener espacio entre tanto que atender, además de que no se suele nombrar:
- Duelo por la criatura imaginada.
- Duelo por la maternidad esperada.
- Duelo por la vida que cambia de forma abrupta.
Este duelo suele quedar silenciado por el mandato implícito de seguir adelante, de ser eficientes, de no flaquear. Como si sentir, parar o necesitar apoyo, en esta situación, fuese un lujo.
A nivel emocional, esto puede generar:
- Agotamiento profundo.
- Culpa constante.
- Miedo a no estar haciendo suficiente.
- Sensación de soledad.
- Pérdida de identidad más allá del rol de cuidadora.
Muchas madres sienten que desaparecen poco a poco, sin que nadie lo note. Desde fuera todo funciona. van a las citas, lo llevan todo adelante, pero funcionar NO ES ESTAR BIEN, aunque a veces lo confundimos.
Cuidar de una criatura con diversidad funcional no debería implicar la renuncia total a la propia salud mental. No es sostenible sostener desde el agotamiento permanente. Y esto es lo que están viviendo las familias que acompañan a sus criaturas con discapacidad.
Si estás en esta situación quiero recordarte que: parar no significa dejar de cuidar, parar significa cuidarse para poder cuidar.
Cuando una madre se permite bajar el ritmo, pedir ayuda o cuestionar la exigencia constante, puede ocurrir:
- Que el cuerpo puede respirar.
- La culpa pierde fuerza o se hace pequeña.
- El vínculo se potencia.
- El cuidado deja de ser una carrera contrarreloj.
Este artículo es una invitación clara y necesaria: no tienes que hacerlo todo, no tienes que poder con todo y no tienes que hacerlo sola.
Cuidar a la madre es parte esencial del cuidado de la criatura, Aunque muchas veces no se nombre.
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Autora: Noelia González Calatayud
Psicóloga General Sanitaria y psicoterapeuta especializada en psicología perinatal. Acompaña a mujeres durante el embarazo, parto y postparto desde una mirada psicológica y de género.
Cuenta con más de 14 años de experiencia en el ámbito perinatal. Realiza acompañamiento psicológico presencial y también online para mujeres de toda España.
Proyecto: Adhara – Psicología Perinatal
